viernes, 14 de agosto de 2009

miércoles, 12 de agosto de 2009

HACIENDO PATRIA.


Más vale tarde que nunca. ¡Felicidades a Salvador Larroca por su "Eisner"!


martes, 11 de agosto de 2009

LOS VIGILANTES DE ZACK.

Con un poco de retraso, y la perspectiva que da el tiempo transcurrido desde su estreno, por fin he podido ver "Watchmen".
La que es probablemente una de las adaptaciones más esperadas y al tiempo más temidas por los comiqueros se ha quedado, en mi opinión, a mitad de camino de todo. Snyder, que no es un director objetivo con la obra en absoluto (se define a si mismo como fan), se pierde en la extendida mala costumbre de la literalidad. Entiéndase esto por trasladar lo más fielmente posible las viñetas al celuloide, que no la estructura o el guión, lo que por otra parte es practicamente imposible dada la particular idiosincrasia de la historia de Moore. Y precisamente esa falta de objetividad parece el mayor lastre que acompaña todo el metraje, porqué la historieta y el cine son medios diferentes a pesar de sus muchas similitudes. El director de "300", sin embargo, parece estar seguro de poder reproducir los interminables juegos de espejos y virguerías narrativas del original, cuando lo que consigue al final es, como mucho, un enorme monumento al kitsch con algún hallazgo aislado a nivel visual.
Vamos, que como muchos de nosotros nos temíamos esto se ha quedado en otro intento infructuoso de trasladar con éxito un tebeo de Alan Moore al cine. La diferencia es que en esta ocasión se trata de "el tebeo".
Por cierto, a lo mejor deberíamos hacer como el guionista británico y directamente pasar de ver las pelis basadas en sus cómics.
Y eso que el voluntarioso Zack no ha hecho una de las peores.


Doc Manhattan marca el mismo culito respingón en el papel y en película.

domingo, 9 de agosto de 2009

LA CASTA DE LOS METABARONES.


Bueno, poco a poco voy haciendo descender la pila de cosas que tengo por leer. Este fin de semana ha caído un buen tocho, "La Casta de los Metabarones".
La edición de Mondadori de la obra de Jodorowsky y Giménez en formato "libraco" sólo tiene ese defecto. Vamos, que es incómodo de leer porqué pesa un quintal. Incomodidades aparte, buena presentación y unos extras más que aceptables con historia inédita incluida.
En cuanto a la obra, pues evidentemente no me ha defraudado. Este Spin Off de "El Incal", la otra gran saga de Jodorowsky, es de lo mejorcito de la ciencia ficción europea. Y los extraordinarios diseños de Juan Jiménez hacen justicia al guión del creador de la Psicomagia, con una historia que bebe de aquí y de allá sin disimulo, pero con una originalidad fuera de toda duda. Caballeros de la Europa medieval se funden con el código Bushido Samurai y la alta tecnología, en una amalgama de personajes absolutamente tridimensionales. Una saga de varias generaciones contada a través de las voces de dos robots, que ponen el toque de humor necesario para poder digerir las tragedias de tono shackespeariano que acontecen de una generación a otra. En esta historia de una casta de guerreros condenados a una vida violenta por tradición, amor, muerte y mutilación caminan de la mano a través del tiempo, conformando una leyenda que trasciende en un universo ficticio perfectamente engrasado.
Y por si fuera poco, está Juan Giménez, uno de los pocos dibujantes de historietas capaces de competir con las grandes producciones de Hollywood. Porqué no exagero al decir que las batallas espaciales de Giménez no tienen nada que envidiar a las de George Lucas en cuanto a espectacularidad e ingenio.
Una Space Opera imprescindible tando en la tebeoteca de cualquier aficionado como en la estanterías de los fans de la Ciencia Ficción.




miércoles, 5 de agosto de 2009

LOS TEBEOS DE MI INFANCIA: "CHICK BILL".

No se muy bien porqué pero hay historias que lees cuando eres niño que permanecen de un modo especial en tu memoria. En mi caso, la lectura de historietas formó parte de mi formación como persona desde muy pequeño. Todo esto viene a cuento porqué, de vez en cuando, voy a dedicar esta especie de minisección al recuerdo de algunas series o personajes que me dejaron huella cuando los leí allá por los años 70.

Y para inaugurar la susudicha sección voy a hablar de las aventuras de "Chick Bill", dibujadas desde finales de los 50 por el eficaz Tibet. Bueno, ahora sé que son de Tibet, autor también del ligeramente más popular "Ric Hochet", dado que en el momento en que pude disfrutar por primera vez de las historias de este personaje (que se publicaban por entregas en los "Zipi y Zape Especiales") el menda no encontraba por ningún lado la firma del dibujante. Y cuando conseguí encontrarla no la entendía (Tobut, Tibai...?).
Este... El caso es que, anécdotas aparte, sólo pude leer dos o tres historias completas. "El brazo izquierdo de la ley", "El tesoro del Buda verde" y "Territorio 22", según creo recordar. Además, al ver aquel estilo de dibujo también recuerdo que de inmediato lo relacioné con Hergé y Tintin (entonces yo no sabía qué era la "escuela francobelga") y rapidamente establecí en mi joven cerebro los correspondientes paralelismos entre los personajes de aquel Western y los del reportero belga. Los protagonistas, inicialmente animales antropomorfos según he podido averiguar posteriormente, eran el grupo compuesto por el vaquero Chick Bill, que daba nombre a la serie, el gruñón del sheriff Dog Bull (un trasunto del capitán Haddock), el simplón de Kid Ordinn (ayudante y auténtico dolor de cabeza del sheriff) y un joven indio llamado Pequeño Caniche. Precisamente kid Ordinn, contrapunto humorístico en las aventuras por el Far West de tan peculiar compañía, se hizo tan popular que acabaría conviertiéndose a la larga en el verdadero protagonista.
El caso es que, releyéndolos con la perspectiva del tiempo, he comprobado que no han perdido ni un ápice de frescura. Es más, urge que algún editor avispado reedite o recopile el resto de la colección (incomprensiblemente inédita en España, salvo alguna excepción como lo editado por Vidorama) y las nuevas generaciones puedan disfrutar de este auténtico ejemplo de BD a la europea hecho con oficio y sin más pretensión que divertir. Lo cual no es poco.